
El gran día llegó y sucedió lo que nadie esperaba. El Madrid salió reforzado del clásico pese a perder el partido, aunque el Barcelona en todo momento dio la cara en un duelo intensísimo, donde la incertidumbre y el peligro acecharon las dos metas durante los 90 minutos.
El partido comenzó con dos propuestas diferentes. El Barcelona salió al Camp Nou sin un punta de referencia. Messi era el encargado de moverse entre líneas para favorecer la circulación de balón azulgrana, Mientras que Henry e Iniesta esperaban en las bandas su oportunidad de entrar en juego. Se topó el Barcelona con un Madrid que no concedió ese espacio entre líneas y no dejó al Barcelona darle continuidad a su fútbol. Así, las recuperaciones de los blancos se traducían en rápidos contragolpes que Kaká y Cristiano Ronaldo conducían a velocidad de vértido, intentando cazar descolocado al Barcelona. En una de éstas, Cristiano tuvo la oportunidad de estrenarse contra el Barcelona, pero se chocó con un atento Víctor Valdés.
Le costó al Barcelona varios sustos más retomar el control del partido, y en los minutos finales de la primera parte volvía a asomarse al área madridista con cierta autoridad, haciendo que los blancos retrasaran algo más sus líneas y dejando jugar más a los culés. Al inicio de la segunda mitad, la entrada de Ibrahimovic por Thierry Henry revolucionó el partido, y el tercer balón que tocó el sueco fue para alojar en la red un fantástico centro de Daniel Alves. El Barcelona se adelantaba y, ya sin urgencias, se apropió de la pelota en un partido que se le ponía muy de cara, hasta que Sergio Busquets pecó de inexperto y vio dos amarillas completamente evitables, dejando a su equipo con un hombre menos.
35 minutos restaban en el Camp Nou; el Barcelona ganaba 1-0 pero el Madrid había mostrado muchísimo peligro durante los primeros 45 minutos, y ahora contaban con un hombre más... Guardiola introdujo a Touré y Pellegrini hizo lo propio con Benzema, en detrimento del recién recuperado Cristiano Ronaldo, que firmó un buen partido. Los blaugrana siguieron jugando a lo que saben, y mantenían la pelota en su poder tanto tiempo como podían. Messi estuvo muy activo ofreciéndose en todos los balones y aguantando la posesión del balón, mientras que Alves, incansable, apoyaba a los centrocampistas en cada acción de ataque culé. Los blancos intentaban imprimir velocidad en sus acciones de ataque, pero Piqué y un extraordinario Carles Puyol formaron un muro infranqueable por delante de la meta de Víctor Valdés. El tiempo pasaba, y el Barça, por medio de Piqué, Abidal y Messi amenazaban con hacer el segundo tanto, mientras que Benzema desperdiciaba un balón muerto en el área pequeña enviándolo al cielo barcelonés.
El partido nos deja varias lecturas. La primera es que el Madrid puede, por fin, dar la cara en un duelo a cara de perro ante el Barcelona de Guardiola. Los blancos crearon peligro durante todo el partido, y no se achicaron en casa del tricampeón. La segunda, es que pese a que el Madrid hizo sufrir, también sufrió mucho. O dicho de otro modo, que jugarle un gran partido al Barcelona no significa anular sus letales armas, y aunque los azulgrana no controlaron el partido tanto como habrían querido, dieron en todo momento sensación de peligro constante. La consecuencia parecía impensable antes del encuentro: Ambos equipos salen reforzados del clásico. Los blancos han jugado sus armas mejor que nunca y han demostrado que como funcionan sus hombres es con un juego rápido y con espacios. El Barcelona, sale de una semana complicadísima con dos victorias ante Inter y Real Madrid, recupera el liderato y demuestra al máximo rival quién es, a día de hoy, el equipo puntero del fútbol nacional.





