
Nos levantamos con la penúltima del presidente Laporta. Desde que ve el final de su mandato cada día más cercano, son más frecuentes sus salidas de tono, que un día fueron esporádicas.
El presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, reconocido culé, escribió una carta al presidente Laporta explicándole que, si bien el Barcelona es patrimonio de Cataluña, también millones de barcelonistas disfrutan de los éxitos del Barça fuera de las fronteras catalanas, y que lo justo es también acordarse de ellos. Laporta reaccionó a este artículo llamando al presidente extremeño para explicarle su punto de vista, y ya de paso dedicarle un puñado de insultos, recordarle que no volviera a dirigirle la palabra y calificarle de "barcelonista de mierda".
Pues aquí otro barcelonista de mierda, señor Laporta. Quiero ver la cara de asco que pone cuando el próximo 28 de octubre el campo de la Cultural Leonesa se llene de barcelonistas de mierda. O cada vez que el Barcelona juega un enfrentamiento liguero fuera de casa y cientos de barcelonistas de mierda se agolpan a las puertas del hotel a buscar un autógrafo de sus ídolos. Los culés nos tomábamos con resignación el hecho de que usted nos ignorara, Señor Laporta. En el momento en que nos insulta, esa resignación se convierte en enfado. Lo que tiene fronteras no es el fútbol, señor Laporta, es su intelecto que no le permite ver más allá de sus propias narices. Y si no está de acuerdo con una opinión contraria (brillantemente expuesta, por cierto) pierde los papeles y se autocalifica.
Dice usted que se le tiene manía en Madrid por sus ideas. Tal vez sea cierto. Yo le tengo manía por utilizar al Barcelona para expresarlas. Me parece perfecto que usted acuda a manifestaciones de todo tipo, como cualquier ciudadano. Pero si a usted alguien le deja sujetar la pancarta de la manifestación es por su condición de presidente del Barcelona. Si alguien le pone un micrófono en la boca, no es por su brillante carrera de abogado, señor Laporta. Por eso mismo, no debería aprovechar su tirón mediático, conseguido a costa del Barça, para manifestarse políticamente. Métase en medio de la manifestación y no haga declaraciones públicas sobre su ideología, como cualquier otro ciudadano. Al menos, mientras usted sea presidente. Es impensable imaginar a Florentino Pérez (del que es sabida su tendencia a la derecha política) en la cabecera de una manifestación ideológica, aun cuando él sí es una personalidad importante de la sociedad y la economía españolas.
Por último, señor Laporta, le recordaré que el Barcelona es más que un club. Porque cuando usted se vaya, todos estos barcelonistas de mierda seguiremos estando ahí y porque cuando usted se vaya, usted no será más que un ex presidente del club, incapaz de defender sus argumentos sin insultar y seguramente levantando la voz cada vez que le pongan un micrófono delante, mientras que el club seguirá siendo un órgano sólido dentro de la sociedad catalana y española y dentro del fútbol mundial, donde seguirá cosechando éxitos.
Visca el Barça y viva España.
