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viernes, 9 de octubre de 2009

Sobre Joan Laporta


Nos levantamos con la penúltima del presidente Laporta. Desde que ve el final de su mandato cada día más cercano, son más frecuentes sus salidas de tono, que un día fueron esporádicas.

El presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, reconocido culé, escribió una carta al presidente Laporta explicándole que, si bien el Barcelona es patrimonio de Cataluña, también millones de barcelonistas disfrutan de los éxitos del Barça fuera de las fronteras catalanas, y que lo justo es también acordarse de ellos. Laporta reaccionó a este artículo llamando al presidente extremeño para explicarle su punto de vista, y ya de paso dedicarle un puñado de insultos, recordarle que no volviera a dirigirle la palabra y calificarle de "barcelonista de mierda".

Pues aquí otro barcelonista de mierda, señor Laporta. Quiero ver la cara de asco que pone cuando el próximo 28 de octubre el campo de la Cultural Leonesa se llene de barcelonistas de mierda. O cada vez que el Barcelona juega un enfrentamiento liguero fuera de casa y cientos de barcelonistas de mierda se agolpan a las puertas del hotel a buscar un autógrafo de sus ídolos. Los culés nos tomábamos con resignación el hecho de que usted nos ignorara, Señor Laporta. En el momento en que nos insulta, esa resignación se convierte en enfado. Lo que tiene fronteras no es el fútbol, señor Laporta, es su intelecto que no le permite ver más allá de sus propias narices. Y si no está de acuerdo con una opinión contraria (brillantemente expuesta, por cierto) pierde los papeles y se autocalifica.

Dice usted que se le tiene manía en Madrid por sus ideas. Tal vez sea cierto. Yo le tengo manía por utilizar al Barcelona para expresarlas. Me parece perfecto que usted acuda a manifestaciones de todo tipo, como cualquier ciudadano. Pero si a usted alguien le deja sujetar la pancarta de la manifestación es por su condición de presidente del Barcelona. Si alguien le pone un micrófono en la boca, no es por su brillante carrera de abogado, señor Laporta. Por eso mismo, no debería aprovechar su tirón mediático, conseguido a costa del Barça, para manifestarse políticamente. Métase en medio de la manifestación y no haga declaraciones públicas sobre su ideología, como cualquier otro ciudadano. Al menos, mientras usted sea presidente. Es impensable imaginar a Florentino Pérez (del que es sabida su tendencia a la derecha política) en la cabecera de una manifestación ideológica, aun cuando él sí es una personalidad importante de la sociedad y la economía españolas.

Por último, señor Laporta, le recordaré que el Barcelona es más que un club. Porque cuando usted se vaya, todos estos barcelonistas de mierda seguiremos estando ahí y porque cuando usted se vaya, usted no será más que un ex presidente del club, incapaz de defender sus argumentos sin insultar y seguramente levantando la voz cada vez que le pongan un micrófono delante, mientras que el club seguirá siendo un órgano sólido dentro de la sociedad catalana y española y dentro del fútbol mundial, donde seguirá cosechando éxitos.

Visca el Barça y viva España.

martes, 22 de septiembre de 2009

El padre pródigo


De Florentino Pérez no podemos decir nada nuevo. Apareció en un Real Madrid ya ganador, revolucionó su gestión (que sería modelo de tantas otras posteriores), extendió su imagen más allá de cualquier frontera geográfica o balompédica y huyó como huye el doctor Frankenstein al darse cuenta del poder de su criatura., cuando ésta más necesitaba un padre. Después del esperpeéntico mandato calderoniano (que termina con dos ligas más en la saca blanca, una colección importante de fracasos europeos y la crisis institucional más importante de la historia merengue) la Casa Blanca necesitaba un salvador. Sangre fresca, pensábamos muchos. Pues no. No hay en la Biblia parábola que explique el retorno de Florentino al club de Concha Espina. Sería algo así como “El Padre Pródigo”. Y si alguien en la Biblia pudiera ejercer de padre pródigo, no sería otro sino Dios. Pues así se nos presenta a Florentino Pérez, nuevo Dios del madridismo.


Y es que, a pesar de lo que la lógica dictaba, Florentino ha vuelto al Real Madrid como un auténtico héroe. El entorno madridista ha recibido con los brazos abiertos al hombre que un día abandonó el barco en el único bote salvavidas disponible. Algunos medios ya le veían en el despacho presidencial tan sólo dos semanas después del escándalo de la asamblea merengue que se llevó por delante al presidente Ramón Calderón, y otros se lo pedían hasta en poesía. Poco a poco, el llano camino del ex-presidente hacia el cetro blanco se fue poniendo aún más fácil gracias al apoyo de los medios afines y la falta de alternativas. La carrera electoral fue un paseo en el que los medios se permitieron publicar sus carcajadas respecto a sus rivales y el constructor ni siquiera debió someterse al juicio de los socios para recuperar el sillón presidencial. Si alguien pensaba que la alfombra roja sobre la que pisaba Florentino Pérez finalizaría a la llegada de éste a los despachos del Santiago Bernabéu, ese alguien no podría estar más equivocado. Los nuevos galácticos consiguieron acaparar todos los flashes y portadas del verano futbolístico y capaces de equiparar incluso sin comenzar a jugar (incluso algún caso sin llegar a ser fichado jamás) los éxitos deportivos de sus rivales. Curioso también, cómo los futbolistas que un día nos vendían (de forma algo irrisoria) al nivel de los mejores del mundo a la llegada de Florentino se convertían en un estorbo en el vestuario merengue. Ya finalizado el periodo de refuerzos estivales, pudimos seguir viendo cómo algunas plumas seguían describiendo (aún en verso) las maravillas del nuevo universo florentiniano.


Dentro de los límites de partidismo aceptables en la prensa deportiva (predilección por un club u otro) se echa uno las manos a la cabeza al ver cómo los periodistas se bajan los pantalones de una manera ridículamente servil a cambio de un asiento de palco, cargando si es preciso contra lo que se defendía meses atrás con tal de estar a bien con el poder. El florentinismo total del entorno del club no perjudica sino al propio club, ya que no hay voz alguna dentro del rebaño que rodea el Bernabéu que se atreva a protestar contra el proyecto del nuevo presidente. Los que publican a diario la Biblia madridista se han convertido en un Vaticano capaz de ordenar al fiel madridista qué debe hacer y a quién debe adorar.Si al final tendría razón Butragueño...

Nota: Pese a la presencia mayoritaria de referencias a Marca, la crítica es aplicable a todos los medios escritos, radiofónicos y audiovisuales que han servido de trampolín a Florentino a la presidencia blanca.