De Florentino Pérez no podemos decir nada nuevo. Apareció en un Real Madrid ya ganador, revolucionó su gestión (que sería modelo de tantas otras posteriores), extendió su imagen más allá de cualquier frontera geográfica o balompédica y huyó como huye el doctor Frankenstein al darse cuenta del poder de su criatura., cuando ésta más necesitaba un padre. Después del esperpeéntico mandato calderoniano (que termina con dos ligas más en la saca blanca, una colección importante de fracasos europeos y la crisis institucional más importante de la historia merengue) la Casa Blanca necesitaba un salvador. Sangre fresca, pensábamos muchos. Pues no. No hay en la Biblia parábola que explique el retorno de Florentino al club de Concha Espina. Sería algo así como “El Padre Pródigo”. Y si alguien en la Biblia pudiera ejercer de padre pródigo, no sería otro sino Dios. Pues así se nos presenta a Florentino Pérez, nuevo Dios del madridismo.
Y es que, a pesar de lo que la lógica dictaba, Florentino ha vuelto al Real Madrid como un auténtico héroe. El entorno madridista ha recibido con los brazos abiertos al hombre que un día abandonó el barco en el único bote salvavidas disponible. Algunos medios ya le veían en el despacho presidencial tan sólo dos semanas después del escándalo de la asamblea merengue que se llevó por delante al presidente Ramón Calderón, y otros se lo pedían hasta en poesía. Poco a poco, el llano camino del ex-presidente hacia el cetro blanco se fue poniendo aún más fácil gracias al apoyo de los medios afines y la falta de alternativas. La carrera electoral fue un paseo en el que los medios se permitieron publicar sus carcajadas respecto a sus rivales y el constructor ni siquiera debió someterse al juicio de los socios para recuperar el sillón presidencial. Si alguien pensaba que la alfombra roja sobre la que pisaba Florentino Pérez finalizaría a la llegada de éste a los despachos del Santiago Bernabéu, ese alguien no podría estar más equivocado. Los nuevos galácticos consiguieron acaparar todos los flashes y portadas del verano futbolístico y capaces de equiparar incluso sin comenzar a jugar (incluso algún caso sin llegar a ser fichado jamás) los éxitos deportivos de sus rivales. Curioso también, cómo los futbolistas que un día nos vendían (de forma algo irrisoria) al nivel de los mejores del mundo a la llegada de Florentino se convertían en un estorbo en el vestuario merengue. Ya finalizado el periodo de refuerzos estivales, pudimos seguir viendo cómo algunas plumas seguían describiendo (aún en verso) las maravillas del nuevo universo florentiniano.
Nota: Pese a la presencia mayoritaria de referencias a Marca, la crítica es aplicable a todos los medios escritos, radiofónicos y audiovisuales que han servido de trampolín a Florentino a la presidencia blanca.