Que la imagen en el fútbol español tiene mucha más importancia que hace veinte años es algo que está fuera de toda duda. Ilustremos con un ejemplo: La entonces estrella del Real Madrid, Emilio Butragueño, jugaba sin calzoncillos. El astro del Real Madrid actual, que además responde a un acrónimo, se forra anunciándolos. El intrusismo de la publicidad, el marketing y la imagen en el fútbol no es malo per se, dado que responde a una demanda real de espectadores y espectadoras que comprarán unas natillas en lugar de otras si las anuncia la estrella del Atlético o se fiarán de la resistencia del 4x4 que anuncia el centrocampista todo terreno de la selección española.
Lo cierto es que la universalización de la figura del futbolista y del entorno del fútbol hace que la parafernalia que rodea a un partido de liga ya no esté dirigida sólo al perfil de varón, nacionalidad española, de 25 a 60 años, bigote frondoso, copa de brandy, cigarrillos marca Ducados, aceitunas sobre la mesa y la señora en la cocina o, en su defecto, mirando escaparates con las amigas. Es algo de lo que congratularse, porque efectivamente, el fútbol es capaz de ser entendido, analizado, discutido y sobre todo, disfrutado por cualquiera (pese a lo que piense Hugo Gatti).
Pese a ello, uno siente que cada vez el futbolista y el terreno de juego es menos importante en el fútbol. Ejemplos hay cientos: los clubes renuevan su imagen todos los años a través de su equipación (justificándolo como inspiración modernista, como recordatorio al equipo que ganó la Copa del Generalísimo en 1940 o como la imagen del Barça del futuro), y decenas de páginas web dedican todos sus esfuerzos a encontrar filtraciones de cómo será la próxima camiseta de los equipos en lugar de centrarse en quienes la vestirán; jugadores que acuden a actos de promoción de champú, posando en la alfombra roja como modelos sin quitarse sus gafas de sol marca Gucci. El problema no es que esto suceda, sino que esto sea noticia. Que el fútbol empiece a generar más noticias fuera de un estadio que dentro de él es un indicativo de que nos estamos alejando de la esencia.
Otro ejemplo: se avecinan elecciones en can Barça. Contemos la cantidad de veces que los candidatos hablarán de la imagen del club que ha dejado Laporta. Unos dirán que es el club más universal; otros, que el catalanismo del presidente ha perjudicado a la imagen del club fuera de Cataluña; unos que tienen contratos millonarios de promoción en EEUU, otros los tendrán en Corea; pero serán pocos los que hablen del futuro deportivo de la entidad. Es cierto que se presupone que el rendimiento del primer equipo es lo más importante para el club; igual de cierto es que la mitad de noticias que se generan en torno al club o son mentira o tienen muy poco que ver con el fútbol.
Un ejemplo más: los medios prestan más atención a si Cristiano Ronaldo pide perdón "al chaval este" (daba la impresión cuando lo dijo que no tenía ni idea del nombre del jugador al que había roto la nariz. Eso sí, pedir perdón limpia la imagen del futbolista), a los antecedentes en el equipo rival (para ensuciar su imagen y de paso lavar la propia) y a los antecedentes históricos (e histéricos) que al estado del jugador rival, que tiene fracturas óseas y actualmente está de baja.
La universalización del fútbol español, sumado a la Ley Bosman, ha permitido que hoy en día podamos contar en un solo partido con jugadores de la talla de Cristiano Ronaldo, Kaka', Daniel Alves, Ibrahimovic, Messi, Benzema, Touré Yaya, Keita e Higuaín. Algo impensable hace 20 años, pero si cuando todos estos juegan, importa todo menos cómo juegan, el esfuerzo es vano.